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Camalotes en San Vicente: ciencia y comunidad para salvar la laguna

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Investigadores argentinos aplican control biológico y educación ambiental para frenar la expansión del camalote en la Laguna del Ojo, un humedal clave del Conurbano bonaerense.

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Los camalotes en San Vicente avanzan sobre la Laguna del Ojo y amenazan con cubrir un espejo de agua de unas 180 hectáreas, pero un equipo científico desarrolla una estrategia que combina insectos nativos, seguimiento ambiental y participación comunitaria. El objetivo no es eliminar por completo una planta que ya está instalada, sino reducir su biomasa y recuperar las condiciones necesarias para que el humedal conserve su biodiversidad.

Los camalotes en San Vicente se convirtieron en uno de los principales problemas ambientales de la Reserva Natural Laguna de San Vicente. La planta acuática, conocida científicamente como Pontederia crassipes, se expandió durante las últimas décadas sobre la Laguna del Ojo y llegó a ocupar una superficie capaz de alterar la circulación del agua, reducir el oxígeno disponible y acelerar procesos de eutrofización.

Frente a ese escenario, investigadores de la Fundación para el Estudio de Especies Invasivas (FuEDEI), con apoyo de instituciones educativas y especialistas internacionales, aplican una alternativa de control biológico. La metodología utiliza dos insectos que se alimentan específicamente del camalote: la chicharrita Megamelus scutellaris y el gorgojo Neochetina bruchi. En lugar de depender únicamente de la extracción mecánica, el plan busca debilitar progresivamente las plantas y recuperar el equilibrio del ambiente.

Por qué los camalotes en San Vicente representan una amenaza ambiental

El camalote es una especie originaria de Sudamérica que también forma parte de algunos ambientes naturales argentinos. Sin embargo, su presencia en la región pampeana no sería autóctona. En la Laguna del Ojo encontró condiciones favorables para reproducirse y extenderse, especialmente en sectores con agua quieta, exceso de nutrientes y baja concentración de oxígeno.

La planta flota sobre la superficie y puede formar mantos densos. Cuando esa cobertura aumenta, bloquea el paso de la luz hacia capas inferiores del agua y dificulta el intercambio de oxígeno con la atmósfera. Además, la descomposición de la materia vegetal aporta nuevos nutrientes al sistema, lo que puede reforzar un ciclo de deterioro ambiental.

Claudia Feijoó, investigadora del Programa de Biogeoquímica de Ecosistemas Dulceacuícolas, explicó que el camalote aprovecha el amonio generado por la intensa descomposición biológica. En un ambiente estancado, con poco oxígeno disuelto, ese proceso puede retroalimentarse y favorecer tanto la expansión de la planta como otros problemas frecuentes en las lagunas bonaerenses, entre ellos las floraciones de cianobacterias.

El riesgo no se limita a la superficie ocupada. La vegetación acumulada puede dificultar el acceso al agua, modificar el hábitat de aves, peces, anfibios e invertebrados y complicar las tareas de monitoreo. También puede obstruir sectores de afluentes y favorecer la dispersión hacia otros ambientes conectados con la cuenca del arroyo San Vicente.

Una laguna pampeana en un equilibrio especialmente frágil

La Laguna del Ojo integra un sistema de humedales de gran valor ecológico en el sur del Conurbano bonaerense. Las lagunas pampeanas suelen ser cuerpos de agua poco profundos, condicionados por una combinación de procesos geológicos, sedimentarios y climáticos. Su aparente sencillez esconde una dinámica delicada, en la que pequeños cambios en la calidad del agua pueden tener consecuencias amplias.

Eduardo Rosello, profesor del Instituto de Geociencias Básicas, Aplicadas y Ambientales de la Universidad de Buenos Aires, describió estos ambientes como grandes reservorios de agua poco profunda vinculados con procesos de hundimiento y sedimentación. La llanura pampeana tiene pendientes muy suaves, por lo que el escurrimiento es lento y los sistemas acuáticos pueden retener durante mucho tiempo los nutrientes y contaminantes que reciben.

En ese contexto, la Laguna del Ojo funciona como refugio para más de un centenar de especies de flora y fauna nativa. Su importancia excede el paisaje o el uso recreativo: los humedales regulan excedentes hídricos, almacenan materia orgánica, ofrecen hábitat y conectan distintos ambientes de una cuenca.

La reserva también forma parte de las nacientes vinculadas con la cuenca del Samborombón. Por eso, lo que ocurre en San Vicente puede tener efectos más allá del espejo de agua principal. La creación de una zona de protección en la cuenca es una de las medidas que los especialistas consideran necesarias para evitar que la planta continúe desplazándose hacia otros sectores.

El control biológico reemplaza una solución única

La estrategia científica no plantea una extracción aislada ni una campaña puntual de limpieza. El control biológico funciona como un refuerzo sostenido para reducir la capacidad de crecimiento del camalote. La chicharrita succiona la savia y debilita la planta, mientras que el gorgojo se alimenta de sus hojas. Al disminuir el vigor y el tamaño de los ejemplares, la remoción mecánica puede realizarse con menos esfuerzo.

Según los investigadores de FuEDEI, las pruebas realizadas en San Vicente registraron una reducción cercana al 60% en la biomasa del camalote desde la aplicación del método. El dato debe interpretarse como parte de un proceso de seguimiento y no como la desaparición definitiva de la especie. Los especialistas advierten que el camalote seguirá presente y que la meta realista consiste en mantenerlo bajo control.

Los insectos utilizados no fueron elegidos al azar. Se trata de organismos estudiados durante años y asociados de manera específica con esta planta. Esa selectividad resulta relevante porque reduce el riesgo de afectar especies que no forman parte del problema. Aun así, cualquier programa de liberación requiere observación, evaluación y ajustes según las condiciones particulares de cada ambiente.

El antecedente más importante se encuentra en el dique Los Sauces, en La Rioja, donde un programa de control biológico logró que, por primera vez desde la introducción del camalote, no se registraran plantas en el área estudiada. El caso es utilizado como referencia, aunque los especialistas no presentan el resultado como una fórmula automática para todos los humedales. Cada laguna tiene una calidad de agua, una temperatura, una dinámica hidrológica y una presión humana diferentes.

Qué aportan los insectos nativos al manejo de la invasión

La utilización de enemigos naturales busca restablecer parte del equilibrio que existía en el ambiente de origen de la planta. Cuando una especie llega a un nuevo territorio sin sus depredadores o consumidores habituales, puede expandirse con mayor facilidad. Incorporar organismos que se alimentan de ella permite reducir su ventaja ecológica sin depender exclusivamente de productos químicos o de maquinaria pesada.

Este enfoque tampoco elimina la necesidad de retirar material vegetal ni de controlar las fuentes de nutrientes. Si el agua continúa recibiendo aportes que favorecen la proliferación del camalote, los insectos tendrán que enfrentar una presión constante. Por eso, el control biológico funciona mejor cuando se integra con monitoreo de la calidad del agua, manejo de residuos, protección de costas y restauración de sectores degradados.

La escuela agraria como laboratorio abierto de la reserva

La Escuela Secundaria Agraria de San Vicente cumple un papel central en el programa. Allí funciona un nodo para la cría de los insectos que luego son liberados en la laguna. La participación de la institución permite vincular investigación, formación técnica y cuidado del territorio en una experiencia concreta para los estudiantes.

El trabajo educativo también apunta a evitar nuevas introducciones. Una planta ornamental o un fragmento vegetal trasladado desde otro ambiente puede convertirse en un foco de expansión si encuentra condiciones adecuadas. Por eso, informar a vecinos, visitantes y responsables de espacios verdes es tan importante como sostener la investigación científica.

FuEDEI y el Centro Universitario impulsan además acciones de educación ambiental y una diplomatura vinculada con plantas invasoras en ambientes acuáticos. La intención es que la comunidad pueda reconocer el problema, comprender cómo se dispersa y participar en la vigilancia de la cuenca.

La experiencia demuestra que una reserva no se protege únicamente con límites en un mapa. También necesita instituciones capaces de observar cambios, equipos que produzcan conocimiento y habitantes que entiendan qué prácticas pueden agravar el deterioro. En el caso de San Vicente, esa articulación resulta especialmente importante por la presión de los proyectos inmobiliarios y el uso recreativo de las riberas.

El avance del camalote también expone la presión sobre el territorio

La expansión de la planta ocurre en un espacio donde ya existen otras tensiones. La urbanización de las costas, los desarrollos privados, la modificación de drenajes y el aporte de nutrientes pueden alterar el funcionamiento de la laguna. La apertura de nuevos sectores adyacentes a la reserva, luego de un extenso conflicto por el uso del suelo, amplió las posibilidades de protección, aunque no resuelve por sí sola los riesgos acumulados.

El deterioro ambiental suele producirse por la combinación de varios factores y no por una única causa. En este caso, la presencia relativamente reciente del camalote se suma a una problemática más amplia de calidad del agua y pérdida de ambientes naturales. Las fotografías históricas consultadas por investigadores muestran que la planta no formaba parte del paisaje de la laguna varias décadas atrás, lo que refuerza la necesidad de investigar cómo fue introducida y por qué logró establecerse.

Proteger la cuenca implica evitar que el camalote se desplace por los afluentes, pero también reducir las condiciones que lo favorecen. El saneamiento, la conservación de las costas, el control de descargas y el seguimiento de las floraciones son medidas complementarias. Ninguna de ellas alcanza por sí sola si no existe continuidad institucional.

Qué cambia para la visibilidad de la reserva y el turismo local

La recuperación de la Laguna del Ojo puede tener un efecto directo sobre la forma en que San Vicente comunica su patrimonio natural. Una reserva con agua abierta, biodiversidad visible y senderos cuidados ofrece mejores condiciones para la educación ambiental, el turismo de cercanía y las actividades recreativas responsables. En cambio, un espejo de agua cubierto por vegetación invasora transmite una imagen de deterioro y reduce el atractivo del lugar.

Para los negocios vinculados con gastronomía, excursiones, servicios recreativos y alojamiento, la evolución de la laguna puede influir en la demanda de visitas, aunque cualquier desarrollo debe respetar la capacidad del ambiente. La visibilidad digital de San Vicente también puede beneficiarse de información clara sobre el estado de la reserva, los recorridos habilitados y las acciones de conservación.

Desde el punto de vista del posicionamiento orgánico, las búsquedas relacionadas con la reserva, el camalote, los humedales del Conurbano y el turismo de naturaleza tienen más posibilidades de responder bien cuando existen contenidos actualizados, datos verificables y referencias a instituciones locales. No se trata de promocionar un paisaje ignorando sus problemas, sino de explicar qué se está haciendo y cómo pueden participar los visitantes.

La noticia original, publicada por Clarín Viva, recupera testimonios de investigadores, docentes y especialistas que permiten dimensionar tanto la magnitud del avance como la complejidad de la respuesta.

La experiencia de San Vicente muestra que una invasión biológica no se resuelve con una limpieza ocasional ni con una única tecnología. La combinación de insectos específicos, control de la calidad del agua, protección territorial y educación comunitaria ofrece una vía más consistente para cuidar la laguna. Mientras el camalote siga presente, el desafío será sostener ese trabajo en el tiempo para que la biodiversidad y los servicios del humedal puedan recuperar espacio.

Preguntas frecuentes

¿Por qué el camalote es un problema para la Laguna del Ojo?

Porque puede formar grandes mantos sobre el agua, bloquear el ingreso de luz, reducir el oxígeno disponible y aportar materia orgánica durante su descomposición. Ese proceso favorece la eutrofización y puede alterar el hábitat de peces, aves, anfibios e invertebrados que viven en la reserva.

¿Cómo se combate el camalote en San Vicente?

El programa combina control biológico, extracción mecánica, seguimiento ambiental y educación comunitaria. Se utilizan la chicharrita Megamelus scutellaris y el gorgojo Neochetina bruchi, insectos que se alimentan del camalote y ayudan a reducir el tamaño y la biomasa de las plantas.

¿El control biológico elimina definitivamente la planta?

No necesariamente. Los especialistas señalan que el camalote seguirá presente y que el objetivo es mantenerlo en niveles controlables. Los insectos debilitan la planta y reducen el esfuerzo de remoción, pero el resultado depende también de la calidad del agua, la dinámica de la cuenca y la prevención de nuevas introducciones.

¿Qué puede hacer la comunidad para evitar que se expanda?

No trasladar camalotes ni fragmentos de plantas entre lagunas, respetar las zonas protegidas, informar la presencia de nuevos focos y evitar prácticas que aporten residuos o nutrientes al agua. También es útil participar de actividades de educación ambiental y consultar a las autoridades antes de intervenir en la reserva.

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