Gabriel Goity protagoniza un ‘Cyrano’ visualmente imponente pero de ritmo irregular
El clásico de Edmond Rostand regresó al Teatro San Martín con Gabriel 'El Puma' Goity en un montaje de gran despliegue estético, aunque marcado por su lentitud y falta de emoción.

Después de una larga espera, el Teatro San Martín reestrenó Cyrano de Bergerac, la obra inmortal de Edmond Rostand, con Gabriel Goity al frente de una ambiciosa producción dirigida por Willy Landin. Si bien el montaje deslumbra por su impecable factura visual y la magnitud escénica, su excesiva duración y la ausencia de dinamismo emocional dejaron sensaciones encontradas entre los espectadores.
El regreso de Cyrano al escenario mayor del Teatro San Martín había generado grandes expectativas. No solo por tratarse de un título emblemático de la literatura dramática universal, sino también por el desafío de reinterpretar un texto tan conocido en la historia del teatro argentino. La apuesta de Willy Landin, quien además de dirigir se encargó de la adaptación, la traducción, el diseño de vestuario y la música original, proponía una mirada integral que buscaba rescatar la poesía y el espíritu romántico de la obra de Edmond Rostand. Sin embargo, el resultado final parece quedarse a medio camino entre la ambición estética y la conexión emocional con el público.
Cyrano Gabriel Goity: Una puesta monumental que prioriza la imagen sobre el ritmo
Desde el inicio, la puesta sorprende por su escala y por la minuciosa recreación de época. Los trajes, la iluminación y los recursos audiovisuales utilizados contribuyen a una atmósfera que respeta el espíritu del siglo XVII. Landin apuesta por lo visual, pero en esa búsqueda de perfección formal, el espectáculo pierde agilidad. Con más de tres horas de duración —incluido el intervalo—, las escenas se suceden con una cadencia tan pausada que por momentos parece diluirse la tensión dramática.
Las transiciones entre actos son excesivamente prolongadas y los silencios, lejos de aportar carga dramática, interrumpen la continuidad del relato. Algunos problemas de sonido también afectan la comprensión de los diálogos y la progresión narrativa. Este tipo de desequilibrios técnicos y temporales le restan fluidez a una obra que, por naturaleza, exige dinamismo y ritmo verbal.
El desafío de reinterpretar un clásico sin perder su esencia
La historia de Cyrano de Bergerac —un soldado valiente, poeta brillante y enamorado en secreto de su prima Roxanne— ha sido revisitada incontables veces. Rostand logró convertir a su protagonista en símbolo del amor imposible y de la nobleza del espíritu. En esta versión, la intención de Landin es rescatar la palabra y la poesía por sobre la acción, pero la elección de un tempo tan contemplativo termina alejando al espectador de la emoción. Lo que debería ser un torrente de ingenio y pasión se transforma en un paisaje visual que impacta pero no conmueve.
La pieza conserva intactos sus dilemas morales y su reflexión sobre la belleza, la valentía y la autenticidad. Sin embargo, la puesta parece más interesada en la superficie estética que en el latido interno del texto. En ese sentido, la comparación con versiones anteriores —como la recordada adaptación infantil de Claudio Hochman con Federico D’Elia y Valeria Bertuccelli en los noventa o la legendaria de Ernesto Bianco dirigida por Osvaldo Bonet en 1977— resulta inevitable. Aquellas lograban equilibrar humor, emoción y ritmo, tres elementos que aquí se extrañan.
Gabriel Goity, entre la devoción y la contención
Gabriel “El Puma” Goity confesó en entrevistas previas que interpretar a Cyrano era un sueño pendiente. Su compromiso con el personaje es evidente, pero en escena se percibe cierta incomodidad. Tal vez la dirección excesivamente rígida le impide desplegar todo su rango actoral. Aun así, en momentos puntuales, Goity logra transmitir la ironía y el dolor que definen a este antihéroe romántico. Su voz y presencia escénica sostienen varios pasajes, aunque sin la chispa necesaria para conmover.
El elenco secundario aporta solvencia: Mario Alarcón, Daniel Miglioranza, Iván Moschner y Mariano Mazzei mantienen la jerarquía interpretativa que caracteriza al San Martín. Sin embargo, la falta de acción física y el estatismo escénico hacen que incluso sus intervenciones parezcan suspendidas en el tiempo, desluciendo el trabajo conjunto.
El legado de Cyrano y su influencia cultural
Más allá del resultado de esta producción, Cyrano de Bergerac sigue siendo una obra fundamental para comprender la evolución del teatro romántico. El personaje real en que se inspiró Rostand, el parisino Hercule-Savinien de Cyrano de Bergerac (1619–1655), fue un escritor y pensador adelantado a su tiempo. Se atrevió a satirizar a los poderosos y a imaginar viajes interplanetarios siglos antes de la ciencia ficción moderna. Incluso Molière tomó elementos de su estilo para sus propias creaciones, mientras que autores contemporáneos como Arthur C. Clarke lo consideraron pionero del género fantástico.
Rostand transformó esa figura histórica en un mito literario. Su Cyrano es un poeta-soldado que simboliza la libertad del espíritu y la fidelidad a los ideales, aunque pague el precio de la soledad. Cada nueva versión escénica enfrenta el reto de equilibrar humor, lirismo y acción, un equilibrio que define su éxito o su fracaso.
Un montaje que divide opiniones en la escena porteña
El reestreno en la Sala Martín Coronado no pasó inadvertido en la agenda cultural porteña. Algunos valoran la decisión de reponer un clásico con producción estatal y gran despliegue técnico, mientras que otros cuestionan la falta de ritmo y emoción. La lentitud narrativa y la ausencia de humor —dos pilares fundamentales en la obra original— fueron los puntos más señalados por la crítica especializada.
Aun con sus debilidades, esta versión aporta una mirada contemporánea sobre la figura del héroe romántico y permite redescubrir a Goity en un registro distinto al que suele abordar en televisión. Para el público que prioriza la fidelidad visual y la puesta en escena de gran formato, el espectáculo ofrece un atractivo indudable.
Relectura de un mito en tiempos de nuevas sensibilidades
En un contexto donde los clásicos vuelven a los escenarios con interpretaciones diversas, Cyrano plantea preguntas sobre cómo se reconfiguran los ideales románticos en el siglo XXI. El amor imposible, la belleza física y la honestidad emocional siguen siendo temas universales, pero el público actual demanda mayor dinamismo y conexión emocional. Tal vez el desafío sea encontrar un punto medio entre la reverencia al texto original y la búsqueda de un lenguaje escénico más contemporáneo.
El Teatro San Martín reafirma así su rol como espacio de experimentación y revisión del repertorio universal, incluso cuando la propuesta no logra el impacto esperado. La apuesta de Landin, con sus aciertos y excesos, contribuye al debate sobre cómo revivir a los grandes héroes de la dramaturgia clásica sin caer en la solemnidad.
Cómo influye este tipo de montajes en la visibilidad teatral y digital
En tiempos donde las artes escénicas compiten con la omnipresencia del contenido digital, una obra como Cyrano vuelve a poner en agenda el valor de la experiencia teatral. Sin embargo, su repercusión también depende de cómo se comunique y se difunda en redes y buscadores. Las críticas y reseñas, como la publicada por el diario Clarín, amplifican su alcance y generan conversación sobre la producción. Para el entorno digital, este tipo de montajes funcionan como catalizadores de visibilidad cultural: atraen búsquedas relacionadas con los intérpretes, el teatro público y las adaptaciones de clásicos.
Desde la perspectiva del posicionamiento orgánico, la combinación de nombres reconocidos, un título clásico y una producción estatal crea un ecosistema de alto interés para portales culturales y blogs especializados. La clave está en conectar la tradición teatral con la narrativa digital sin perder la autenticidad del contenido artístico.
La versión de Goity y Landin, más allá de sus falencias, demuestra que el teatro porteño sigue dispuesto a arriesgar con grandes producciones. Cada nueva lectura de Cyrano es una oportunidad de revisar no solo el texto, sino también la forma en que el público contemporáneo se vincula con los clásicos. Y en esa búsqueda, incluso las imperfecciones pueden convertirse en materia de reflexión.
Preguntas frecuentes
¿Dónde se presenta la obra 'Cyrano' protagonizada por Gabriel Goity?
La obra se presenta en el Teatro San Martín, en la Sala Martín Coronado, ubicado en la Avenida Corrientes 1550 de la Ciudad de Buenos Aires. Se trata de una producción de gran escala dirigida por Willy Landin.
¿Qué diferencia a esta versión de 'Cyrano' de las anteriores?
Esta versión se destaca por su propuesta visual y su puesta de época, pero a diferencia de adaptaciones previas más dinámicas, prioriza la estética por sobre el ritmo, lo que genera un tono más contemplativo y menos emocional.
¿Cómo fue recibido el desempeño de Gabriel Goity en el papel principal?
Gabriel Goity mostró compromiso y presencia escénica, aunque algunos críticos señalaron que la dirección rígida limitó su expresividad. Aun así, logró momentos de genuino dramatismo que revelan su talento actoral.
¿Por qué es importante esta nueva puesta de 'Cyrano'?
Porque representa el regreso de un clásico fundamental del teatro universal al escenario del Teatro San Martín y pone en debate cómo se reinterpretan los grandes textos románticos para el público contemporáneo argentino.
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