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Argentina martes 28 de julio de 2026
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Chequeo de hepatitis: por qué todos deberían hacerse uno alguna vez

10 min de lectura

Especialistas recomiendan que toda la población se realice al menos una vez un chequeo para detectar hepatitis B y C, incluso sin factores de riesgo. La detección temprana permite prevenir complicaciones graves y acceder a tratamientos eficaces.

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El chequeo de hepatitis debería formar parte de la vida adulta al menos una vez, incluso cuando no existen antecedentes ni factores de riesgo evidentes. La recomendación fue planteada por especialistas en hepatología durante una jornada de concientización sobre esta enfermedad, que suele avanzar sin síntomas y puede llegar a provocar cirrosis, cáncer de hígado o la necesidad de un trasplante.

El chequeo de hepatitis es una herramienta sencilla para detectar infecciones que muchas veces permanecen silenciosas durante años. Marcelo Silva, director de la Unidad de Investigación Clínica del Hospital Universitario Austral, sostuvo que todas las personas deberían realizarse alguna vez en la vida una evaluación para hepatitis B y C, tengan o no factores de riesgo identificables. La propuesta busca cambiar una idea extendida: que solo deben estudiarse quienes atravesaron una situación considerada peligrosa.

La hepatitis es una inflamación del hígado, un órgano que participa en más de 500 funciones esenciales del organismo. Interviene en el procesamiento de nutrientes, la producción de proteínas, el almacenamiento de energía y la eliminación de sustancias. Cuando una infección viral afecta su funcionamiento, el daño puede progresar de manera gradual sin provocar señales claras.

Por eso, esperar a que aparezcan síntomas no suele ser una estrategia adecuada. En muchos pacientes, el diagnóstico llega cuando la enfermedad ya produjo lesiones importantes. La información fue publicada originalmente por Clarín, en una entrevista con especialistas.

Chequeo de hepatitis sin síntomas: la clave para llegar a tiempo

Las hepatitis virales no forman un único grupo de enfermedades. Existen distintos virus, identificados con las letras A, B, C, D y E, y cada uno tiene vías de transmisión, evolución y medidas de prevención diferentes. Entre ellos, la hepatitis B y la hepatitis C concentran la mayor preocupación sanitaria porque están vinculadas con la mayoría de las muertes provocadas por hepatitis virales a nivel global, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud.

La ausencia de síntomas puede generar una falsa sensación de seguridad. Una persona puede sentirse bien, tener una rutina normal y, aun así, portar una infección capaz de afectar progresivamente el hígado. Incluso algunos análisis habituales pueden no mostrar alteraciones evidentes. El hepatograma, por ejemplo, puede permanecer dentro de valores normales en determinadas etapas, por lo que la serología específica resulta necesaria cuando el profesional considera que corresponde solicitarla.

El objetivo del chequeo no es etiquetar ni estigmatizar a nadie. Al contrario, ampliar el acceso a la detección permite que el diagnóstico deje de depender exclusivamente de que el paciente recuerde una exposición concreta. Cirugías antiguas, transfusiones realizadas décadas atrás, procedimientos odontológicos, tatuajes, piercings o intervenciones invasivas efectuadas sin condiciones adecuadas de bioseguridad pueden haber representado una exposición que la persona ya no tiene presente.

Hepatitis B: una infección prevenible mediante vacunación

La hepatitis B puede transmitirse por contacto con sangre, por vía sexual o durante el embarazo y el parto, de la madre al hijo. Es un virus muy contagioso y, en los adultos, con frecuencia puede no generar síntomas claros. Aunque una parte de las infecciones se resuelve, otras se vuelven crónicas y requieren seguimiento médico prolongado.

La principal herramienta preventiva es la vacuna. Los especialistas recuerdan que también existe inmunización contra la hepatitis A, mientras que para la hepatitis C no hay una vacuna disponible. La vacunación contra hepatitis B tiene una alta eficacia, pero su aplicación no reemplaza automáticamente todas las evaluaciones médicas posibles. El equipo de salud debe revisar la historia clínica, el esquema recibido y la situación particular de cada persona.

El Hospital de Clínicas llamó a diferenciar las distintas formas de hepatitis y a reforzar la prevención. En el caso de la hepatitis B, la recomendación adquiere especial importancia para las personas sexualmente activas, quienes podrían estar embarazadas, quienes utilizan drogas inyectables y quienes conviven con una persona infectada. También deben recibir orientación específica los pacientes que atraviesan tratamientos capaces de debilitar el sistema inmunitario.

Hepatitis C: una infección curable que todavía llega tarde al diagnóstico

La hepatitis C se transmite principalmente por contacto con sangre. Entre las situaciones asociadas se encuentran las transfusiones antiguas, ciertos procedimientos médicos inseguros, el uso compartido de elementos para inyectarse drogas y prácticas de tatuaje o colocación de piercings sin controles adecuados. La transmisión sexual es menos frecuente que en la hepatitis B, aunque no debe descartarse en determinados contextos.

Una de las características más relevantes de la hepatitis C es que puede transformarse en una infección crónica en una proporción elevada de los casos. Cuando la enfermedad permanece sin tratamiento, aumenta el riesgo de cirrosis y cáncer de hígado. En Argentina, los especialistas la señalan como una causa importante de trasplante hepático asociado con cirrosis y tumores hepáticos.

La situación contrasta con la disponibilidad de tratamientos antivirales de acción directa. Según la información difundida por la Organización Panamericana de la Salud, estos medicamentos pueden curar la hepatitis C en la gran mayoría de los pacientes y, en muchos casos, el tratamiento se completa en pocas semanas o meses. La curación es más sencilla cuando se logra identificar la infección antes de que aparezca una cirrosis avanzada.

La Organización Mundial de la Salud advierte que una gran cantidad de personas diagnosticadas todavía no accedió a la medicación. En América Latina y el Caribe, los datos citados por la OPS también muestran una brecha entre quienes tienen hepatitis C y quienes efectivamente reciben tratamiento. El problema no se limita a la existencia de los fármacos: también intervienen la detección, la derivación, el seguimiento y la continuidad de la atención.

Hepatitis A y E: transmisión, prevención y grupos vulnerables

La hepatitis A suele transmitirse por vía fecal-oral, a través de agua o alimentos contaminados, aunque también puede existir transmisión sexual. En numerosos casos provoca una infección aguda que se resuelve, pero no todas las personas tienen el mismo riesgo. Los especialistas remarcan que una proporción de la población puede desarrollar cuadros graves, por lo que la vacunación y las medidas de higiene continúan siendo importantes.

La hepatitis E comparte principalmente la vía de transmisión relacionada con agua y alimentos contaminados. En general produce una infección aguda, pero puede ser más peligrosa en personas embarazadas y en quienes tienen defensas bajas. Conocer estas diferencias permite evitar que todas las hepatitis sean interpretadas como si se tratara de una sola enfermedad.

El acceso a agua segura, el lavado correcto de manos, la manipulación cuidadosa de alimentos y la consulta sobre las vacunas disponibles forman parte de la prevención. Estas acciones no sustituyen el diagnóstico de hepatitis B y C, que requiere pruebas específicas indicadas por un profesional.

El desafío argentino está en transformar las recomendaciones en controles concretos

Marcelo Silva señaló que el país cuenta con herramientas de prevención, diagnóstico y tratamiento, pero enfrenta dificultades para aplicarlas de manera sistemática. El sistema sanitario argentino es segmentado y reúne distintos subsistemas, obras sociales, empresas de medicina prepaga, hospitales y programas públicos. Esa fragmentación puede hacer que una indicación general no llegue con la misma fuerza a cada efector.

La Ley 27.675 de respuesta integral al VIH, las hepatitis virales, otras infecciones de transmisión sexual y la tuberculosis estableció un marco de derechos y políticas sanitarias. Sin embargo, los especialistas plantean que todavía se necesita una implementación más activa en ámbitos donde el sistema de salud entra en contacto con personas que no suelen consultar.

Los controles laborales, los bancos de sangre, las unidades de análisis y las consultas previas a tratamientos complejos pueden funcionar como instancias para detectar infecciones silenciosas. La posibilidad de incorporar educación y evaluación en esos espacios permitiría encontrar casos antes de que aparezcan complicaciones. También sería útil fortalecer los mecanismos que vinculan a quienes ya recibieron un diagnóstico con el tratamiento o la vacunación correspondiente.

Una dificultad adicional aparece cuando los pacientes cambian de cobertura, se mudan o interrumpen la atención. Si la información no acompaña a la persona dentro del sistema, puede perderse el seguimiento. Los especialistas estiman que una parte de los pacientes previamente diagnosticados podría ser recuperada mediante estrategias de contacto, orientación y derivación.

Quiénes deberían consultar con mayor prioridad

Aunque la recomendación general es realizar al menos una vez un chequeo para hepatitis B y C, hay situaciones que requieren una consulta prioritaria. Entre ellas se encuentran los antecedentes de transfusiones o cirugías antiguas, procedimientos invasivos sin certeza sobre las condiciones de bioseguridad, tatuajes o piercings realizados en lugares informales y el uso de drogas inyectables.

También deben prestar especial atención las personas con exposición sexual de riesgo, quienes conviven con alguien que tiene hepatitis B o C, las embarazadas y quienes recibieron tratamientos que pueden comprometer el sistema inmunitario. Los pacientes en diálisis y aquellos que comenzarán una quimioterapia o una terapia inmunosupresora necesitan una evaluación médica cuidadosa, porque una infección silenciosa podría reactivarse o volverse más agresiva.

La consulta no implica necesariamente una batería interminable de estudios. El profesional puede solicitar análisis de sangre específicos, revisar antecedentes y decidir si hace falta repetirlos o ampliar la evaluación. La interpretación depende de la historia clínica y no debe hacerse únicamente a partir de un resultado aislado.

Más diagnósticos de hepatitis también pueden mejorar la visibilidad de la prevención

Desde el punto de vista de la salud pública, ampliar el chequeo de hepatitis permite que las campañas y los servicios de atención respondan mejor a una enfermedad que todavía permanece oculta para muchas personas. Para clínicas, laboratorios, obras sociales y empresas de salud digital, el desafío consiste en comunicar con claridad qué pruebas existen, quién debe solicitarlas y cómo continúa el proceso después de un resultado positivo.

La información sanitaria también tiene una dimensión concreta en los canales digitales. Un sitio que publique contenidos sobre análisis de sangre, vacunación, enfermedades hepáticas o prevención debe evitar mensajes alarmistas y explicar cuándo es necesario consultar. Las búsquedas relacionadas con síntomas, resultados de laboratorio y tratamientos pueden llevar a decisiones equivocadas si no incluyen referencias médicas confiables, advertencias sobre la interpretación profesional y datos actualizados.

Para los negocios digitales vinculados con la salud, la visibilidad orgánica no debería construirse sobre el miedo ni sobre promesas de diagnóstico. La utilidad está en ofrecer respuestas comprensibles, facilitar la localización de centros habilitados y orientar al usuario hacia una consulta responsable. En este tema, una comunicación precisa puede ayudar a reducir el estigma y a instalar el chequeo como una práctica preventiva común.

La eliminación de las hepatitis virales como problema de salud pública para 2030 requiere que los avances científicos lleguen efectivamente a la población. Detectar una infección a tiempo, completar la vacunación cuando corresponde y sostener el vínculo con el sistema sanitario son pasos posibles para evitar enfermedades graves. Frente a una patología que puede avanzar sin avisar, consultar alguna vez en la vida puede marcar una diferencia decisiva.

Preguntas frecuentes

¿Todas las personas deberían hacerse un chequeo de hepatitis?

Especialistas citados en la fuente recomiendan que toda persona se realice al menos una vez en la vida una evaluación para hepatitis B y C, incluso sin factores de riesgo conocidos. La indicación puede variar según la edad, los antecedentes, el estado de salud y el criterio del profesional que solicite los análisis.

¿La hepatitis puede existir aunque el hepatograma sea normal?

Sí. Un hepatograma sin alteraciones no siempre descarta una infección viral. En algunas etapas, la hepatitis B o C puede permanecer silenciosa y no modificar esos valores. Por eso, cuando corresponde, el médico puede solicitar serologías específicas además de los análisis habituales.

¿La hepatitis C tiene cura?

Sí. La hepatitis C puede curarse con antivirales de acción directa, especialmente cuando se detecta antes de que la enfermedad provoque una cirrosis avanzada. Los tratamientos suelen ser acotados y tienen altas tasas de eficacia, pero deben ser indicados y controlados por un equipo médico.

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