María Rosa Lojo recomienda abrir una biblioteca para los chicos
La escritora María Rosa Lojo recuerda el regalo que transformó su infancia y explica por qué los libros siguen siendo irremplazables frente a las nuevas tecnologías.

La escritora María Rosa Lojo recomienda acercar a los chicos a una biblioteca completa antes que limitar la experiencia a un único libro. Su propia infancia quedó marcada cuando, a los ocho años, recibió la llave de un armario lleno de obras y descubrió allí un mundo de aventuras, personajes y perspectivas que definió para siempre su relación con la lectura.
La escena ocurrió durante su infancia y tuvo como protagonista a su tío Julio, un artista de variedades que viajaba por distintos países realizando números de magia y malabarismo. El hombre guardaba sus libros en un armario de madera con cortinas rojas, ubicado en el cuarto de planchar, y durante años ese espacio permaneció fuera del alcance de la niña.
Cuando Lojo cumplió ocho años, su tío decidió entregarle la llave. El gesto no fue solamente un regalo material: significó reconocerla como una lectora capaz de entrar en historias complejas, recorrer mundos desconocidos y construir sus propias interpretaciones. En ese momento, la biblioteca familiar se convirtió en una puerta de acceso a la imaginación.
En una entrevista publicada por Clarín, la autora recordó que un solo título le parecía insuficiente para representar aquel descubrimiento. Para Lojo, la fuerza de la experiencia estuvo precisamente en la variedad: distintos géneros, autores, épocas y personajes reunidos en un mismo lugar, disponibles para ser explorados sin un recorrido obligatorio.
biblioteca para los chicos: María Rosa Lojo y la biblioteca que cambió su infancia
La biblioteca que recibió Lojo reunía algunas de las figuras más conocidas de la literatura de aventuras. Allí aparecían Phileas Fogg, Sandokán, Long John Silver, el último de los mohicanos, D’Artagnan y Tarzán, entre muchos otros personajes. Cada nombre funcionaba como una invitación a viajar hacia un territorio diferente, con conflictos, lealtades, traiciones y desafíos.
La escritora describió aquella experiencia como una entrada repentina a un universo extraordinario. No se trataba solamente de leer historias protagonizadas por piratas, exploradores, reyes o aventureros. Esos relatos ampliaban los límites de lo posible y permitían imaginar países remotos, épocas pasadas y sociedades organizadas según reglas diferentes a las conocidas.
El recuerdo también aparece recreado en su novela Árbol de familia, una obra en la que la memoria, los vínculos y la identidad ocupan un lugar central. La escena del armario con cortinas rojas quedó asociada a un momento de transformación: la niña dejó de observar la biblioteca desde afuera y pasó a ser responsable de la llave, con la libertad y la curiosidad que esa decisión implicaba.
Leer aventuras también modifica la mirada sobre el mundo
Para Lojo, los libros infantiles y juveniles no solo ofrecen entretenimiento. También pueden enseñar que la realidad admite diferentes interpretaciones. Al recorrer las aventuras de Julio Verne, Robert Louis Stevenson, Alexandre Dumas o Emilio Salgari, la autora descubrió que una misma vida puede ser narrada desde múltiples ángulos y que ninguna perspectiva agota por completo lo que sucede.
Ese aprendizaje resulta especialmente significativo durante la infancia, cuando los chicos empiezan a construir sus propias ideas sobre la justicia, el coraje, la amistad, la pérdida y la libertad. Un personaje puede actuar como modelo, como contradicción o como punto de partida para conversar sobre decisiones y consecuencias. La lectura no impone necesariamente una respuesta: ofrece situaciones para pensar.
En el recuerdo de Lojo, Sandokán representaba una mirada anticolonialista; el viaje alrededor del mundo imaginado por Verne abría una puerta al conocimiento geográfico y científico; y los mosqueteros acercaban temas como la lealtad, el amor y la solidaridad. La riqueza de esas obras no dependía de una única enseñanza, sino de la posibilidad de volver a ellas y encontrar nuevas preguntas con el paso del tiempo.
La lectura como experiencia personal
Una de las características que la escritora destaca es la intimidad del acto de leer. Dos chicos pueden sostener el mismo libro y construir imágenes completamente diferentes a partir de sus páginas. La voz de un narrador, la descripción de un paisaje o la decisión de un protagonista se completan en la mente de cada lector.
Por eso, la biblioteca de su infancia no fue importante únicamente por la cantidad de ejemplares. También lo fue porque le permitió elegir. Podía pasar de una aventura marítima a una novela histórica, de una expedición científica a una historia de misterio. Esa autonomía favorecía una relación activa con los textos, lejos de la obligación de leer siempre el mismo tipo de obra o seguir una lista rígida.
Un legado literario que continúa en su obra
La relación de María Rosa Lojo con los libros no terminó en aquella infancia. Su trayectoria como escritora, docente, doctora en Letras e investigadora del Conicet muestra hasta qué punto aquella primera experiencia se prolongó en su vida profesional. Su producción incluye novelas, cuentos, ensayos y trabajos vinculados con la literatura y la cultura argentina.
Entre sus novelas se encuentran La pasión de los nómades, La princesa federal, Una mujer de fin de siglo, Finisterre, Árbol de familia y Lo que hicieron ahí. En el terreno del cuento publicó, entre otros títulos, Historias ocultas en la Recoleta, Amores insólitos de nuestra Historia y Cuerpos resplandecientes. Santos populares argentinos.
En sus obras, la memoria personal y colectiva suele dialogar con figuras históricas, relatos familiares, identidades desplazadas y zonas menos visibles de la tradición argentina. Esa forma de trabajar con distintas voces puede relacionarse con la enseñanza que recibió durante sus primeras lecturas: la realidad no es única ni uniforme, sino plural y cambiante según quién la observe.
La biblioteca familiar también puede entenderse como una metáfora de su recorrido. En sus libros conviven épocas, personajes y registros diversos, del mismo modo que en aquel armario convivían las aventuras de exploradores, piratas y viajeros. La lectura temprana no quedó como una anécdota aislada, sino como una matriz para interpretar el mundo y transformarlo en literatura.
Por qué los libros siguen teniendo un lugar propio frente a las pantallas
Lojo reconoce que la tecnología modificó las formas de acceder a la información y al entretenimiento. Los chicos pueden leer en teléfonos, tabletas, computadoras o dispositivos específicos, además de escuchar audiolibros y participar de propuestas interactivas. Sin embargo, para la autora, esas alternativas no reemplazan la experiencia singular de leer un texto escrito.
La diferencia no está solamente en el soporte. El libro propone un ritmo que el lector puede regular, una concentración sostenida y un espacio mental en el que las imágenes no vienen completamente resueltas. Incluso cuando se lee en una pantalla, el núcleo de la experiencia continúa siendo la interpretación de signos y la creación interna de escenas, voces y ambientes.
La comparación no obliga a elegir entre papel y tecnología. En muchos hogares, las herramientas digitales pueden facilitar el acceso a obras que no están disponibles de inmediato en formato físico. También pueden ayudar a chicos con distintas necesidades de lectura, mediante ampliación de tipografías, conversión de texto a voz o ajustes de contraste. El punto central es que esos recursos acompañen el vínculo con las historias en lugar de desplazarlo por completo.
La advertencia de Lojo se relaciona con el valor de la atención. Un libro puede invitar a permanecer en una narración sin notificaciones, recomendaciones automáticas o estímulos que interrumpan constantemente el recorrido. Para algunas familias, recuperar ese momento de concentración compartida puede ser tan importante como seleccionar el título adecuado.
Cómo elegir una lectura para compartir con chicos
El recuerdo de Lojo sugiere que no siempre hace falta encontrar un libro perfecto o una obra que reúna todas las enseñanzas. Una selección variada puede ser más estimulante que una elección única. Aventuras, cuentos fantásticos, novelas históricas, poesía, humor y relatos de misterio ofrecen distintas puertas de entrada a la lectura.
La edad es un aspecto relevante, pero no debería convertirse en una clasificación inflexible. También hay que observar los intereses del chico, su nivel de autonomía, la extensión que puede sostener y el tipo de acompañamiento que necesita. Un adulto puede leer en voz alta, comentar una escena, explicar una palabra o simplemente compartir el silencio mientras cada uno avanza por su propio texto.
Las bibliotecas públicas, escolares y populares cumplen un papel importante porque permiten probar libros sin que cada elección implique una compra. En la Argentina, esos espacios pueden ayudar a que la lectura se vincule con una actividad cotidiana y accesible, no exclusivamente con una fecha especial o con una obligación escolar.
Otra posibilidad consiste en armar una pequeña biblioteca doméstica con criterios abiertos. No es necesario reunir muchos ejemplares de una vez. Un estante con libros elegidos por los adultos y otros seleccionados por los chicos puede convertirse en un lugar de consulta, descubrimiento y conversación. La clave está en que los textos estén disponibles y que la lectura no sea presentada únicamente como una tarea.
La lectura infantil también tiene consecuencias para la visibilidad cultural en internet
El interés por los libros para chicos también se refleja en el ecosistema digital. Familias, docentes y bibliotecarios buscan recomendaciones concretas, reseñas por edades, propuestas para leer en voz alta y datos sobre autores argentinos. Para editoriales, librerías y proyectos culturales, contar con información clara sobre esos temas puede facilitar que sus contenidos encuentren a lectores con una necesidad definida.
Una nota sobre una autora como Lojo no debería limitarse a enumerar títulos. Puede explicar el contexto de una obra, relacionarla con la formación de lectores y diferenciar entre una recomendación para compartir y otra destinada a una lectura autónoma. Esa precisión mejora la utilidad del contenido y ayuda a que las búsquedas relacionadas con literatura infantil, bibliotecas familiares y autores argentinos encuentren respuestas más completas.
También resulta importante identificar correctamente a la autora, sus obras y sus ámbitos de trabajo. La información sobre su trayectoria como escritora, investigadora y docente permite construir vínculos naturales con otros contenidos culturales del sitio, como notas sobre literatura argentina, hábitos de lectura o propuestas para disfrutar libros en familia. La visibilidad orgánica, en este caso, se apoya en la profundidad y en la claridad, no en repetir palabras de manera artificial.
El recuerdo de una biblioteca con cortinas rojas conserva su potencia porque resume una idea sencilla: un libro puede ser una puerta, pero muchos libros pueden convertirse en un territorio entero. Para los chicos, ofrecer acceso, tiempo y libertad de elección puede marcar una diferencia duradera. La experiencia de María Rosa Lojo muestra que una lectura recibida en el momento adecuado no termina cuando se cierra la última página: puede acompañar una vida completa.
Preguntas frecuentes
¿Qué recomienda María Rosa Lojo para acercar a los chicos a la lectura?
María Rosa Lojo destaca el valor de ofrecer una biblioteca variada, con distintos géneros, autores y mundos narrativos. Más que imponer un único libro, propone facilitar el acceso y permitir que cada chico explore según sus intereses. La lectura compartida, la disponibilidad de ejemplares y la libertad de elección pueden fortalecer ese vínculo.
¿Qué libro marcó la infancia de María Rosa Lojo?
La autora no señala un único título, porque lo que transformó su infancia fue el acceso a toda la biblioteca de su tío. Allí encontró relatos de aventuras con personajes como Sandokán, Phileas Fogg, D'Artagnan y Tarzán. Esa variedad de lecturas definió su relación con los libros y con la imaginación.
¿Los libros en papel siguen siendo importantes frente a las pantallas?
Para Lojo, la tecnología puede ampliar las formas de acceso, pero no reemplaza la experiencia íntima de interpretar un texto y crear imágenes en la mente. El papel y los dispositivos digitales pueden convivir. Lo importante es preservar momentos de atención, lectura sostenida y contacto con historias que permitan imaginar y reflexionar.
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