Ruido de embarcaciones reduce hasta 45% el registro de cantos de ballena
Una investigación del proyecto Pacífico Sostenible advierte que el tráfico marítimo dificulta detectar los sonidos de las ballenas y podría alterar su comunicación, desplazamiento y reproducción.

El ruido de embarcaciones reduce entre un 40% y un 45% la probabilidad de registrar cantos de ballena, según científicos panameños que analizaron el impacto de la actividad marítima en el Pacífico. El dato preocupa porque esos sonidos permiten estudiar los hábitos de los mamíferos marinos y comprender cómo se comunican en un ambiente cada vez más atravesado por actividades humanas.
El ruido de embarcaciones se convirtió en una de las principales dificultades para investigar a las ballenas en distintas zonas del océano Pacífico. De acuerdo con una investigación vinculada al proyecto Pacífico Sostenible, la presencia de sonidos generados por barcos puede disminuir entre un 40% y un 45% la posibilidad de registrar los cantos de estos animales.
La reducción no implica necesariamente que las ballenas dejen de emitir sonidos. El problema es que el ruido producido por motores, hélices y desplazamientos marítimos puede tapar esas señales o volverlas más difíciles de identificar mediante equipos científicos. Como resultado, los investigadores podrían obtener una imagen incompleta de la presencia, los movimientos y las conductas de las especies.
El hallazgo fue difundido por científicos panameños y recogido originalmente por Clarín. El trabajo se desarrolla dentro de una iniciativa regional que reúne a países del Pacífico Costero Centroamericano, una zona de gran importancia para la biodiversidad marina y para las rutas de distintas especies de cetáceos.
El ruido de embarcaciones altera la escucha del océano
Los océanos no son espacios silenciosos. Además de los sonidos naturales provocados por el oleaje, las corrientes y los animales, existe una creciente cantidad de ruido asociado con el transporte marítimo, la pesca, las actividades portuarias y otras operaciones humanas. En ese paisaje acústico, los motores y las hélices pueden ocupar frecuencias que las ballenas utilizan para comunicarse.
Las ballenas dependen del sonido porque la visibilidad bajo el agua es limitada, especialmente a grandes distancias o en zonas con poca luz. Sus vocalizaciones cumplen distintas funciones: pueden intervenir en el contacto entre individuos, la ubicación de miembros del grupo, la búsqueda de pareja o la coordinación entre una madre y su cría.
Cuando el sonido de una embarcación se superpone con esas vocalizaciones, los instrumentos de monitoreo pueden registrar menos cantos, aunque los animales sigan presentes. Esta interferencia acústica también puede modificar la forma en que las ballenas producen sus sonidos, la frecuencia con la que los emiten o la distancia a la que logran ser escuchadas.
Por qué los cantos son una herramienta científica clave
El seguimiento acústico permite estudiar ballenas sin capturarlas ni acercarse físicamente a ellas. Los investigadores instalan dispositivos capaces de registrar sonidos durante períodos prolongados y luego analizan los patrones obtenidos. Esta metodología resulta especialmente útil en áreas extensas, donde observar directamente a cada ejemplar sería costoso, difícil o invasivo.
Los cantos pueden ayudar a identificar la presencia de determinadas poblaciones, establecer períodos de actividad y comparar cambios entre temporadas. También permiten conocer si una zona funciona como área de alimentación, reproducción, tránsito o crianza. Por eso, una caída en la cantidad de registros no debe interpretarse automáticamente como una menor presencia de ballenas.
El ruido marítimo introduce una dificultad concreta: puede generar falsos vacíos de información. Si los equipos no consiguen distinguir una vocalización entre otros sonidos, los mapas de distribución pueden mostrar menos animales de los que realmente hay. Esta limitación afecta tanto a los estudios científicos como a las decisiones de conservación basadas en esos datos.
La comunicación entre madres y crías queda especialmente expuesta
Betzi Pérez-Ortega, presidenta de la fundación Panacetacea, explicó que la comunicación entre una cría y su madre incluye sonidos de muy baja frecuencia. Esa característica vuelve especialmente relevante el nivel de ruido presente en el entorno, ya que una señal fuerte o persistente puede enmascarar el contacto entre ambos animales.
La relación entre madres y crías requiere mantener una comunicación efectiva durante los desplazamientos y en momentos en que la visibilidad es reducida. Si el ruido dificulta que una cría ubique a su madre, o que la madre responda a sus señales, puede aumentar el estrés y alterar comportamientos esenciales. La investigación citada no permite afirmar por sí sola qué efectos concretos se producen en cada población, pero sí plantea un riesgo que requiere seguimiento.
La interferencia también puede tener consecuencias para otros vínculos sociales. Las ballenas necesitan intercambiar información en áreas donde conviven varios individuos y donde las condiciones ambientales cambian constantemente. Un ambiente acústico más intenso puede obligarlas a vocalizar de otra manera, acercarse más entre sí o abandonar sectores que antes utilizaban con frecuencia.
Desplazamiento hacia zonas menos ruidosas
Digna Barsallo, directora nacional de Costas y Mares del Ministerio de Ambiente de Panamá, advirtió que cuanto mayor es el ruido registrado, más pueden desplazarse las ballenas hacia otras áreas. El desplazamiento constituye una respuesta posible frente a una alteración persistente del hábitat, pero puede alejarlas de zonas con alimento, refugio o condiciones favorables para la reproducción.
El movimiento hacia otros sectores tampoco elimina necesariamente el problema. Las rutas alternativas pueden estar más expuestas a la pesca, a nuevos corredores marítimos o a condiciones ambientales menos adecuadas. Además, si los animales abandonan una zona tradicional, los investigadores pueden interpretar el cambio como una modificación natural cuando, en realidad, estaría relacionado con la actividad humana.
En términos de gestión ambiental, esto obliga a observar no solo la cantidad de ballenas presentes, sino también los cambios en sus recorridos y en el tiempo que permanecen en cada área. El ruido submarino funciona como una presión que puede combinarse con otros factores, como la contaminación, el calentamiento del océano y la disponibilidad de alimento.
Qué propone la coalición por un océano silencioso
Panamá impulsa la Coalición de Alta Ambición por un Océano Silencioso, una iniciativa que busca que el ruido submarino sea reconocido como una forma de contaminación. La propuesta coloca el problema dentro de una agenda ambiental más amplia y plantea que la protección del mar no debe limitarse a los residuos visibles o a las sustancias contaminantes.
Reconocer el ruido como contaminante permitiría discutir medidas específicas para reducirlo, medirlo y considerarlo en la planificación de actividades marítimas. Entre las alternativas que suelen analizarse en el sector se encuentran la organización de rutas, la gestión de velocidades, el diseño de embarcaciones menos ruidosas y la definición de períodos o áreas con mayor sensibilidad ecológica.
La aplicación de cualquier medida requiere información local y coordinación entre países. Las ballenas no respetan fronteras administrativas y sus desplazamientos pueden atravesar aguas pertenecientes a varias naciones. Por esa razón, el proyecto Pacífico Sostenible incluye a Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Honduras, México y Panamá, países que forman parte de la región del Gran Ecosistema Marino del Pacífico Costero Centroamericano.
El desafío para puertos, operadores y actividades marítimas
La preocupación por el ruido no significa que toda navegación deba detenerse. El desafío consiste en compatibilizar el transporte, la pesca, el turismo y las operaciones portuarias con la protección de especies que dependen del sonido para sobrevivir. Para las empresas marítimas, el tema puede convertirse en un nuevo componente de la gestión ambiental y de la planificación operativa.
Los operadores podrían necesitar incorporar mediciones acústicas en sus evaluaciones de impacto, especialmente cuando trabajan cerca de áreas de reproducción, crianza o tránsito de cetáceos. También pueden surgir exigencias de monitoreo, protocolos para avistamientos y criterios de navegación destinados a reducir perturbaciones durante períodos sensibles.
En el turismo de avistamiento de ballenas, la cuestión tiene una doble dimensión. Una aproximación demasiado cercana o la concentración de varias embarcaciones puede modificar la conducta de los animales y afectar la experiencia que se busca ofrecer. Las buenas prácticas dependen de mantener distancias, limitar la permanencia y evitar maniobras que generen persecución o presión sobre los grupos.
Cómo puede mejorar el monitoreo de ballenas
La investigación acústica continuará siendo importante, pero deberá contemplar el ruido ambiental como una variable central. No alcanza con instalar micrófonos submarinos y contar vocalizaciones: también es necesario conocer qué sonidos rodeaban cada registro, en qué horarios se produjeron y qué tipo de embarcaciones estaban operando en el área.
El uso combinado de sensores acústicos, observación desde embarcaciones, imágenes aéreas y datos de navegación puede ofrecer una lectura más completa. La comparación entre sectores con distintos niveles de tráfico también ayudaría a identificar patrones y a distinguir entre cambios naturales y respuestas vinculadas con la actividad humana.
Para el público general, este enfoque permite entender por qué una noticia sobre sonidos submarinos tiene relevancia más allá de la investigación científica. El océano puede parecer vacío desde la superficie, pero está atravesado por señales que organizan la vida de numerosas especies. Alterar ese entorno acústico puede modificar conductas que no siempre son visibles a simple vista.
La contaminación acústica marina también condiciona la visibilidad digital de los proyectos ambientales
El impacto de este tema alcanza también a organizaciones, empresas y destinos que comunican proyectos de conservación en internet. La información sobre monitoreo de ballenas, navegación responsable y protección del océano necesita presentarse con datos claros, fuentes identificables y explicaciones comprensibles para no confundir una menor cantidad de registros con una desaparición de animales.
Para los negocios vinculados con turismo, educación ambiental o servicios marítimos, explicar cómo se reduce el ruido y qué protocolos se aplican puede fortalecer la confianza de los usuarios. Las páginas que publican información precisa sobre zonas protegidas, temporadas de avistamiento y prácticas responsables tienen más posibilidades de responder consultas concretas que aquellas que se limitan a mensajes promocionales.
También resulta importante diferenciar entre resultados comprobados y posibles consecuencias. La investigación citada establece una reducción en la probabilidad de registrar cantos, mientras que los efectos sobre reproducción, estrés o desplazamiento requieren análisis continuos. Esa distinción mejora la calidad de la comunicación y evita exageraciones que pueden perjudicar la credibilidad de proyectos ambientales y operadores turísticos.
La advertencia de los científicos panameños aporta una señal concreta sobre la relación entre navegación y vida marina: incluso cuando las ballenas siguen en el área, el ruido puede impedir que sean escuchadas, estudiadas o que se comuniquen con normalidad. La gestión de rutas, la cooperación regional y el monitoreo sostenido serán determinantes para que el desarrollo marítimo no silencie una de las principales formas de interacción de estos mamíferos.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto reduce el ruido de embarcaciones el registro de cantos de ballena?
La investigación difundida por científicos panameños estima que el ruido de embarcaciones reduce entre un 40% y un 45% la probabilidad de registrar cantos de ballena. El dato se refiere a la posibilidad de detectar las vocalizaciones mediante monitoreo acústico, no necesariamente a que los animales dejen de emitir sonidos.
¿Por qué son importantes los cantos de ballena para la investigación?
Los cantos permiten estudiar la presencia, los movimientos y algunos hábitos de las ballenas sin capturarlas ni acercarse de manera invasiva. También aportan información sobre la comunicación entre individuos, incluidos los intercambios entre madres y crías, y ayudan a identificar zonas de tránsito, alimentación o reproducción.
¿Qué efectos puede producir el ruido submarino en las ballenas?
El ruido puede enmascarar las vocalizaciones, dificultar la comunicación y provocar cambios de comportamiento. Según los especialistas citados, también existe preocupación por posibles desplazamientos hacia otras áreas y por efectos sobre la reproducción, aunque cada consecuencia requiere estudios específicos para establecer su alcance.
¿Qué países participan del proyecto Pacífico Sostenible?
El proyecto abarca a Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Honduras, México y Panamá. Todos forman parte de la región del Gran Ecosistema Marino del Pacífico Costero Centroamericano, donde la coordinación regional es necesaria porque las ballenas se desplazan entre distintas zonas y jurisdicciones.
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