Semaglutida: menos deseo de beber, fumar y apostar, según nuevos estudios
La semaglutida, conocida por su uso contra la diabetes tipo 2 y el sobrepeso, también es investigada por su posible capacidad para reducir impulsos vinculados con el alcohol, el tabaco y el juego compulsivo. Los especialistas advierten que no reemplaza el tratamiento de la salud mental.

La semaglutida podría reducir ciertos impulsos compulsivos asociados con beber alcohol, fumar o apostar, además de su función conocida sobre el apetito y el descenso de peso. La evidencia todavía está en desarrollo y no permite presentar al medicamento como una cura para las adicciones, la depresión o la ansiedad, pero abrió una nueva línea de investigación sobre la relación entre metabolismo, cerebro y conducta.
La semaglutida dejó de ser un medicamento vinculado exclusivamente con la diabetes tipo 2 y el control del peso. En los últimos años, distintos equipos científicos comenzaron a estudiar si su acción sobre el organismo también puede modificar conductas relacionadas con la búsqueda compulsiva de recompensa. Entre los comportamientos observados aparecen el consumo excesivo de alcohol, el tabaquismo y el juego problemático.
El interés no surgió de una campaña comercial ni de una conclusión definitiva, sino de una serie de resultados clínicos y experimentales que merecen una lectura cuidadosa. Un trabajo publicado en marzo en JAMA Psychiatry, liderado por investigadores de las universidades australianas Griffith y Monash, registró asociaciones relevantes entre el uso de estos fármacos y una menor probabilidad de agravamiento en diferentes problemas psiquiátricos.
Según los datos difundidos sobre ese estudio, las personas que recibían semaglutida presentaron un 44% menos de riesgo de empeoramiento de la depresión, un 38% menos en el caso de la ansiedad y un 47% menos de riesgo de agravación relacionado con el consumo de sustancias, en comparación con períodos en los que esas mismas personas no recibían el medicamento. En conjunto, el riesgo de complicaciones psiquiátricas graves fue un 42% menor.
Estos porcentajes describen asociaciones observadas en una investigación y no prueban, por sí solos, que la semaglutida produzca todos esos beneficios de manera directa. El resultado puede estar influido por las características de los pacientes, el seguimiento médico, los cambios de hábitos o las condiciones de salud que llevaron a indicar el tratamiento.
Semaglutida y adicciones: qué relación estudian los investigadores
La hipótesis científica se apoya en una particularidad del sistema hormonal que regula el apetito. Después de comer, el intestino libera una sustancia llamada GLP-1, que participa en la señal de saciedad y ayuda a comunicarle al cerebro que el organismo recibió suficiente energía. La semaglutida imita y prolonga parte de esa señal.
Su efecto conocido ocurre en órganos y circuitos relacionados con la digestión, la glucosa y el hambre. Sin embargo, los receptores asociados con el GLP-1 también están presentes en regiones cerebrales vinculadas con la motivación, el aprendizaje, la recompensa y la repetición de conductas. Esas mismas redes participan en la sensación de deseo intenso que puede aparecer frente a una bebida alcohólica, un cigarrillo, una comida muy estimulante o una apuesta.
La explicación más aceptada hasta ahora plantea que el fármaco no actuaría únicamente sobre el hambre. También podría disminuir la intensidad de la señal de recompensa o reducir el impulso de continuar buscando un estímulo. En términos cotidianos, la persona podría seguir disfrutando de una actividad, pero sentir con menor fuerza la urgencia de repetirla una y otra vez.
Esta posibilidad resulta especialmente relevante porque muchas conductas adictivas no dependen solo de una decisión consciente. Intervienen la memoria, el estrés, la disponibilidad del estímulo, los hábitos, la impulsividad y el contexto social. Un tratamiento que modifique parte de ese circuito podría complementar otras intervenciones, aunque todavía no está claro para qué perfiles de pacientes sería útil ni durante cuánto tiempo.
Qué mostraron los ensayos sobre alcohol y consumo compulsivo
La investigación en animales aportó una de las primeras pistas. En monos vervet de la isla de San Cristóbal, en el Caribe, se observó que los ejemplares tratados con fármacos de esta familia bebían menos alcohol que aquellos que no recibían el tratamiento, incluso cuando tenían acceso a la bebida. El comportamiento de esos animales ya era conocido por su tendencia a tomar alcohol ofrecido por turistas, por lo que el modelo permitió observar cambios en el consumo dentro de un entorno relativamente controlado.
Los estudios con animales no pueden trasladarse automáticamente a las personas, pero sirven para formular hipótesis y explorar mecanismos biológicos. La confirmación requiere ensayos clínicos con voluntarios, controles adecuados y seguimiento suficiente para evaluar tanto los beneficios como los efectos adversos.
En 2025, un ensayo clínico con personas que bebían en grandes cantidades mostró resultados compatibles con esa hipótesis. Quienes recibieron semaglutida redujeron el deseo de beber y también la cantidad de alcohol consumida. El dato es importante porque diferencia dos dimensiones que no siempre evolucionan juntas: una persona puede beber menos por decisión, por presión del entorno o por una recomendación médica, pero mantener un deseo intenso. Si además baja el ansia, el cambio podría ser más sostenible, aunque esa conclusión necesita estudios de mayor tamaño y duración.
La investigación tampoco significa que la semaglutida deba indicarse automáticamente para tratar el alcoholismo. Los medicamentos aprobados para una finalidad específica no se convierten en tratamientos estándar para otra condición solo porque aparezcan resultados iniciales. La decisión clínica requiere evaluar antecedentes, salud física, consumo, medicación concomitante y alternativas disponibles.
El posible efecto sobre tabaco, apuestas y otras recompensas
El alcohol no sería el único comportamiento bajo observación. La nicotina y el juego activan circuitos de recompensa que comparten algunos mecanismos con la alimentación. Por eso, los investigadores analizan si la modulación del GLP-1 podría disminuir también el deseo de fumar o la urgencia de apostar.
En el caso del tabaco, una reducción del impulso podría facilitar los intentos de abandono, pero no resolvería por sí sola la dependencia. Fumar está relacionado con la nicotina, la rutina diaria, los disparadores emocionales, la exposición social y los síntomas de abstinencia. Un medicamento que redujera el deseo podría ser una ayuda adicional, no un reemplazo automático de los tratamientos específicos para dejar de fumar.
El juego problemático presenta una complejidad similar. La recompensa no es solo económica: también intervienen la expectativa, la sorpresa, la ilusión de recuperar pérdidas y la búsqueda de excitación. Si la semaglutida disminuyera la respuesta frente a esas señales, podría tener un papel futuro en determinados casos, pero la evidencia disponible todavía no permite recomendarla como terapia contra la ludopatía.
La misma prudencia vale para otras conductas compulsivas. Que un fármaco actúe sobre una vía cerebral compartida no implica que vaya a producir el mismo resultado en todas las personas ni frente a todos los estímulos. La biología de la adicción es diversa y está profundamente influida por la historia personal.
Por qué no debe confundirse con un antidepresivo
Uno de los riesgos de interpretar estos resultados de forma apresurada es presentar la semaglutida como un tratamiento para la depresión o la ansiedad. Los estudios más rigurosos sobre su efecto directo en el estado de ánimo son heterogéneos y no muestran un patrón que permita considerarla un antidepresivo o un ansiolítico.
Una persona puede sentirse mejor al bajar de peso, moverse con mayor facilidad, controlar una enfermedad metabólica o recuperar cierta sensación de dominio sobre hábitos que antes le generaban angustia. Todos esos cambios pueden mejorar el bienestar general. Sin embargo, esa mejoría no equivale necesariamente a tratar las causas de una depresión o un trastorno de ansiedad.
La diferencia es fundamental para evitar decisiones riesgosas. Suspender una medicación psiquiátrica, retrasar una consulta o buscar semaglutida como solución para un cuadro emocional puede empeorar la situación. El tratamiento de la salud mental debe contemplar evaluación profesional, psicoterapia, medicamentos específicos cuando correspondan y una red de apoyo adecuada.
También es necesario considerar los efectos adversos y las contraindicaciones de la semaglutida. Náuseas, vómitos, molestias digestivas y cambios en la alimentación son algunos de los problemas que pueden aparecer. La indicación, la dosis y el seguimiento deben quedar en manos de profesionales, especialmente cuando existen antecedentes psiquiátricos, trastornos alimentarios o consumo problemático de sustancias.
El deseo puede bajar, pero el malestar necesita otra respuesta
La reducción del impulso no necesariamente elimina el motivo por el que una persona empezó a beber, fumar, apostar o comer de manera compulsiva. En muchos casos, esas conductas cumplen una función subjetiva: ayudan a atravesar el aburrimiento, calmar la ansiedad, evitar pensamientos dolorosos, regular la soledad o generar una sensación momentánea de recompensa.
Si el medicamento reduce la urgencia, puede abrir un espacio para trabajar sobre ese malestar. Pero también puede dejarlo más visible. Una persona que ya no siente la misma necesidad de beber puede encontrarse con dificultades emocionales que antes quedaban amortiguadas por el consumo. Allí entran la psicoterapia, el acompañamiento familiar, los grupos de ayuda y las estrategias para reorganizar rutinas.
Existe además un riesgo conocido en los procesos de cambio de conducta: reemplazar un impulso por otro. No significa que esto vaya a ocurrir necesariamente, pero sí que conviene observar si la disminución de una conducta coincide con un aumento de otra, como compras impulsivas, uso excesivo de pantallas, ejercicio extremo o restricciones alimentarias. El seguimiento profesional permite detectar esas modificaciones antes de que se transformen en un nuevo problema.
Qué significa para pacientes y profesionales de la salud
Para los pacientes, la principal utilidad de esta línea de investigación es ampliar las preguntas que pueden llevar a una consulta médica. Quien recibe semaglutida y nota cambios en el deseo de consumir alcohol, fumar o apostar debería comentarlo con su equipo de salud, sin modificar la dosis ni abandonar otros tratamientos por cuenta propia.
Para los profesionales, los resultados abren la posibilidad de observar efectos conductuales que no siempre aparecen en los objetivos iniciales del tratamiento. Registrar el consumo, la intensidad del deseo, el estado de ánimo y los hábitos cotidianos puede aportar información más precisa que una impresión aislada.
También será importante diferenciar los efectos propios del fármaco de los cambios asociados con bajar de peso, mejorar la glucosa o recibir un seguimiento médico más frecuente. Los ensayos controlados y las investigaciones de largo plazo deberán establecer si la reducción del consumo se mantiene, si depende de la dosis y qué sucede al interrumpir el tratamiento.
La fuente original publicada por Clarín reúne el análisis de un médico psiquiatra y magíster en Psiconeuroendocrinología, quien plantea precisamente esta diferencia entre disminuir un deseo y resolver el conflicto que lo sostiene.
La semaglutida puede cambiar el escenario SEO de los tratamientos contra las adicciones
Para clínicas, profesionales y empresas digitales vinculadas con salud, esta investigación puede modificar las consultas que llegan desde buscadores. Términos como semaglutida y alcohol, semaglutida para fumar o medicamento para reducir el deseo de apostar podrían ganar interés, pero exigen una comunicación especialmente responsable.
Los contenidos que prometan curas rápidas, resultados garantizados o reemplazos de tratamientos establecidos pueden generar desinformación y afectar la confianza del público. En cambio, una página útil debería explicar qué se sabe, qué todavía no está confirmado, cuáles son los límites de la evidencia y por qué la consulta profesional resulta indispensable.
La visibilidad orgánica en temas de salud depende tanto de la claridad como de la calidad de las fuentes. Citar estudios, distinguir correlación de causalidad, identificar al especialista que analiza los resultados y actualizar la información son prácticas relevantes para medios, centros médicos y comercios autorizados. También conviene evitar que el interés por el descenso de peso o las adicciones se convierta en una puerta de entrada para la automedicación.
Para el lector, la aplicación concreta es sencilla: tomar estos resultados como una señal de investigación prometedora, no como una indicación médica. La semaglutida podría ayudar a reducir ciertos impulsos en algunas personas, pero el tratamiento de fondo seguirá dependiendo de una evaluación individual y de herramientas que aborden tanto el consumo como las emociones, los hábitos y el entorno.
La investigación recién empieza a conectar dos campos que durante mucho tiempo se estudiaron por separado: el metabolismo y la conducta. Si futuros ensayos confirman los resultados, la semaglutida podría convertirse en una pieza complementaria dentro de tratamientos más amplios. Hasta entonces, su posible efecto sobre el alcohol, el tabaco y el juego debe interpretarse con interés científico, pero también con prudencia clínica.
Preguntas frecuentes
¿La semaglutida sirve para tratar el alcoholismo?
No existe evidencia suficiente para considerarla un tratamiento estándar contra el alcoholismo. Algunos estudios observaron una reducción del deseo de beber y del consumo en personas que recibieron semaglutida, pero los resultados todavía deben confirmarse. Nunca debe utilizarse para reemplazar una evaluación profesional, psicoterapia, grupos de apoyo o medicamentos indicados específicamente para el consumo problemático.
¿La semaglutida puede funcionar como antidepresivo?
No. La semaglutida no es un antidepresivo ni un ansiolítico aprobado para tratar depresión o ansiedad. Una persona puede experimentar mayor bienestar al mejorar su salud metabólica, bajar de peso o controlar ciertos hábitos, pero eso no significa que el fármaco actúe sobre las causas de un trastorno del estado de ánimo.
¿También puede ayudar a dejar de fumar o apostar?
La posibilidad está siendo investigada porque la nicotina, el alcohol, el juego y la comida activan circuitos cerebrales relacionados con la recompensa. Sin embargo, todavía no hay pruebas suficientes para recomendar semaglutida contra el tabaquismo o el juego problemático. Cualquier uso debería definirse con un profesional y dentro de un tratamiento integral.
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